El transmitir, el crear desde la nada, el inventar, el jugar, el soñar despierto, el viajar a donde tu quieras,… todo esto va asociado a la magia del teatro, y por extraño que nos parezca a muchos actores es la verdadera razón por la que un día nos quisimos dedicar a esto, antes de escuchar todo lo horrible que el mundo tenía que decir de nosotros.
Me gusta pensar que somos los niños perdidos, aquellos que vivían en el país de nunca jamás, que decidieron no crecer a su manera y que lucharon a brazo partido contra los piratas. Me gusta pensar que somos privilegiados, a nuestra manera. La mayoría hemos arriesgado mucho por un sueño, hemos tomado el camino más difícil, pero podemos levantar la cabeza y disfrutar un camino que realmente nos permite “vivir”, o mejor dicho sentirnos vivos. El teatro no es una terapia, el teatro no debe ser un método de tortura para el actor, joder el teatro es pureza y arte, y el arte, señores, es belleza. Incluso cuando el teatro es radical e ideológico es bello, porque es transmisor de emociones, conductor del alma sensorial de las palabras. Como actores tenemos que disfrutar el momento y el segundo en que las palabras toman forma gracias a nosotros, y no solo las palabras, los silencios, lo que realmente no se dice, lo que Pinter tan bien muestra.
El actor es un militante de la vida, no sólo de la suya propia, ni de aquella real, sino de todas las vidas, de todas las realidades, desde las más serias a las más absurdas.
La revelación de ver que el teatro vuelve a ser teatro y deja de ser negocio me excita. Quizá no me excita cómo me puede excitar una buena caricia, pero me revuelve la conciencia y las entrañas como un orgasmo al que poca gente llega hoy día. La sensación de que las artes escénicas en general se han convertido en una herramienta para egos está presente en la mayoría de escuelas, compañías y proyectos teatrales a nuestro alrededor. Por eso mismo abogo por un teatro en el que lo económico pase a un plano meramente formal, sería ilusorio aunque fantástico promover un teatro ajeno absolutamente al dinero. Abogo por un teatro que se descubra a sí mismo desde los orígenes, la calle y la diversión. Divertir al público y al actor, una gran fiesta de los sentidos a través de la farsa, la provocación, la denuncia, incluso a través del magnifico mundo de lo grotesco. El teatro no tiene porque alejarse de lo simple, sí de la simpleza. Cuando me refiero a la simpleza quiero decir lo burdo, la gracia fácil y el recurso mil veces utilizado, mientras que un teatro simple es aquel que con lo menos posible aporta al espectador todo un mundo de luces.
domingo, 27 de enero de 2008
El renacimiento de la sombra
Tras un tiempo de pausa la sombra de Pierrot comienza una nueva andadura, una nueva segunda juventud, más abierta, más social, dónde las artes escénicas continuarán prevaleciendo, pero haciendo poco a poco sitio a nuevas ideas y nuevos caminos.
Gracias por volver
MON
Gracias por volver
MON
martes, 3 de julio de 2007

Queridos lectores y lectoras desde la sombra de Pierrot pedimos vuestra ayuda. Estamos preparando un pequeño memorandum sobre las relaciones de pareja, el hombre y la mujer, que piensan ellos y que piensan ellas para crear luego una pequeña obra de teatro. Queremos saber la opinión de la gente sobre el tema, experiencias peculiares, frases dogmáticas sobre la cuestión. Nuestro objetivo es descubrir el verdadero motor de la pareja alejandonos de los tópicos y buscando en la realidad del dia a dia. mandad vuestras opiniones a
Velassco@hotmail.com
Cuanta mas ayuda posible mejor comprenderemos este complicado tema
Un abrazo teatreero
miércoles, 13 de junio de 2007
Otelo (1604) William Shakespeare...

Quizá podemos empezar a explicar la importancia de Otelo a través de la grandeza de su autor y de lo que significa su obra para el teatro universal. William Shakespeare, primera e indiscutible figura del teatro moderno, creador del reflejo más claro de la humanidad sobre un escenario. La obra de Shakespeare tiene el don de reflejar la parte mas humana del hombre, la más terrible y particular. Un reflejo del hombre que servía al espectador isabelino y que sirve y servirá al espectador de hoy y de mañana. Las grandes tragedias universales, siendo el propio hombre una tragedia del destino en sí mismo.
En este caso Otelo representa uno de los grandes fantasmas del ser humano: Los celos.
Representa al hombre engañado, al hombre envenenado con palabras y muerto en vida por los celos. La historia de un gran hombre que es traicionado por su mano derecha, cegado por el instinto posesivo hasta el punto de matar a su mujer borracho de celos.
Pero sin duda para mí la grandeza de la obra recae en su antagonista, en su malo, en Yago. En Yago se refleja el hombre de forma clara y concisa siguiendo la máxima de que el hombre es un lobo para el hombre. La venganza se convierte en el motor de la acción, pero no es una venganza arcaica y brutal, es una venganza labrada desde una mente inteligente, desde la paciencia y desde el placer de ver volverse loco al enemigo. La gran trama que Yago hace creer a Otelo, desnuda la entereza del gran general, volviendo vulnerable a quien todo el mundo creía de hierro.
El veneno que Yago vierte sobre el pensamiento de Otelo desdibuja la figura de Desdémona convirtiendo la angelical figura en un tópico de traición femenina. En este momento surgen los instintos más primitivos del hombre, el “la maté porque era mía”, la parte más animal del ser humano que escapa a razones.
El lector advierte desde su privilegiada posición como el Caín teje la tela de araña en torno a un simple pañuelo, el objeto que precipita el terrible desenlace.
La obra como una buena comida está sazonada con una serie de magníficos personajes secundarios que terminan por construir este universo escénico.
Se desprende capítulo a capítulo un hedor a humanidad, a celos, a pasión, a rabia, a ira, a venganza, y esto es lo que la hace grande, que es un vivo reflejo de aquellas pasiones que por mucho que no nos gusten nos recuerdan que todavía somos animales.
domingo, 3 de junio de 2007
lunes, 7 de mayo de 2007
Próximo post: Otelo, el moro de Venecia...
Otelo,el moro de Venecia del gran maestro William Shakespeare.
La traición, el amor y la locura que de ellos se desprende.
Afilad vuestro ingenio...
La traición, el amor y la locura que de ellos se desprende.
Afilad vuestro ingenio...
miércoles, 2 de mayo de 2007
Las Criadas (1947): Jean Genet...

Solange es Clara, o Clara es Solange, o ambas son la Señora. Las identidades se confunden unas con otras, al igual que la sensación de realidad frente a un absurdo. Los diálogos mordaces traen consigo una brutal carga ideológica, temas que pasean por la obra encubiertos en palabras irreales y situaciones que nunca llegan a ser.
Las relaciones se convierten en juegos extremos, ambas hermanas se aman y odian, y a su vez aman y odian a la Señora. Se establece un vínculo terrible de necesidad entre el amo y el esclavo, entre la criada y la señora, un vínculo que enmarca al hombre dentro de la injusticia que se plantea con la existencia de las clases sociales.
La señora:… ¡La humildad de vuestra condición os ahorra muchas desgracias! (Pág.60)
Ningún personaje es lo que dice ser, todos los personajes se disfrazan, las criadas de señora, y la señora de la señora que le gustaría ser. Todos mienten y simulan. El mundo que no se dice, que está por debajo de las rutinas y de las palabras sin sustancia del cada día, es aquel el mundo terrible que Genet presenta a través de sus personajes, aquel mundo construido con silencios, con miradas y con entrañas. La rebeldía de aquellos que están subyugados, que buscan su libertad, que buscan recuperar la dignidad perdida. Las hermanas crean juntas un mismo personaje, un personaje que sufre en el alma pero que actúa como todo ser humano con varias caras, con varios reflejos ante el espejo, con miedos e incertidumbres que las convierten en más humanas. El ambiente donde se desarrolla la historia es un ambiente íntimo y oscuro, un espacio simbólico que se come a los personajes, una alegoría a esa subordinación que sufren las criadas, encontrando una única salida en la muerte, sea de quien sea, pues los conceptos de identidad y de muerte han evolucionado a un nivel totalmente borroso.
Es un terrible juego de espejos y el reflejo que se representa no es siempre el que querríamos ver, la ceremonia real de lo macabro…
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